ORIGEN DEL ESTADO VASCO

ORIGEN DEL ESTADO VASCO
Joseba Ariznabarreta “Pueblo y Poder”


Sin apenas conocimiento de la realidad prehistórica vasca no podemos más que emitir generalidades sobre la aparición de estados prístinos en los territorios habitados por nuestros antepasados.

Teniendo siempre muy en cuenta que en lo que se refiere al nacimiento del estado parece sin embargo probable que a finales del Paleolítico, juntamente con los últimos cambios climáticos, la doma de animales, la intensificación del pastoreo, el inicio de la agricultura, los sucesivos cambios tecnológicos y el consiguiente crecimiento demográfico, se produjera también una sedentarización de la población (en el ager vasconum sobre todo, pero también en el saltus) y la paulatina atomización o desintegración de la banda primitiva así como su sustitución por unidades familiares básicas (households) que continuarían cooperando y guerreando en más de una ocasión con sus vecinos, en condiciones de libertad e igualdad, desde asentamientos (valles o laderas) más o menos poblados, fortificados y autónomos.

A partir de un momento y por razones –de carácter endógeno y/o exógeno– que desconocemos, la voluntad de dominio no pudo ya ser conjurada y algunas de estas familias alcanzaron rangos desiguales de poder que en determinado territorio acabaron convirtiéndose con el paso del tiempo en duraderas jefaturas políticas al estilo civilizado, es decir, estatuyendo y manteniendo, por medio de la violencia, una organización jerárquica o asimétrica de la sociedad dividida en clanes o facciones en los que la identidad social se expresaba mediante parentesco. A partir de entonces el dominio de estas familias se iría extendiendo o reduciendo según la correlación de fuerzas en cada coyuntura.

Ninguna novedad, pues, ni en sus enfrentamientos ni en sus alianzas, de lo que es la forma fundamental y permanente de actuación del estado hasta el presente. Los numerosos pueblos o tribus vascos se encontrarían en diferente estadio de evolución del proceso señalado cuando los romanos, inoculados ya de gravedad por el virus imperialista (que les acabará llevando inexorablemente al cesarismo), entran en contacto más o menos cercano y más o menos continuado con ellos (fines del siglo III a.C.) y los mencionan singularizados –aunque no con la precisión y el detalle que hubiéramos deseado–, en diferentes escritos de la época.

Sin embargo en el siglo V de nuestra era los escritores –todos ellos foráneos– que se refieren a los habitantes de estos territorios los denominan genéricamente vascones y no sabemos por tanto, como se denominaban, por entonces, ellos a sí mismos y entre sí. Seguramente, pese a que la relación entre las diversas tribus se habría incrementado considerablemente en todos los aspectos tras la desaparición de la dominación romana, influyéndose mutuamente gracias a la posesión de un lenguaje y una cultura básicamente comunes, seguirían diferenciándose entre sí y manteniendo un elevado grado de autonomía como refleja todavía alguna crónica astur del siglo noveno.

Por otra parte hay que decir también que la recuperación en este tiempo de la cultura autóctona en las zonas más romanizadas indica lo que ya habíamos señalado con anterioridad: que la romanización no había sido tan profunda entre las capas populares como algunos, contra toda evidencia, se empeñan en hacernos creer.

Pero este autónomo y fecundo periodo de asentamiento político y recuperación cultural de los indígenas, inmediatamente posterior a la desaparición del dominio romano, debió durar poco, porque en el año 581 tenemos de nuevo a los vascos enfrentándose a francos y visigodos, políticamente afincados y organizados para entonces al norte y al sur de su territorio. Y sin solución de continuidad aparecerán luego los árabes y un poco más tarde el recién creado reino de Asturias.

Refiriéndose a este periodo dice el historiador estellés J.M. Lacarra: “No cabe duda que una lucha tan prolongada tuvo que contribuir a que entre los vascones surgiera una organización que agrupara bajo el mando de unos jefes de prestigio a los hombres útiles para el ataque y para la defensa, aunque fuese de un modo más o menos transitorio (…) Todo ello podemos adivinarlo, pero apenas podemos afirmar nada con certeza. La historia de los dos siglos inmediatos no sería, en cierto modo, sino una continuación de la que ahora sugerimos” (Historia del Reino de Navarra en la Edad Media, Caja de Ahorros de Navarra, 1975).

Uno de los primeros intentos que la nación o las naciones vascas hicieron para erigir el poder político que los nuevos tiempos requerían fue el conocido como Ducado de Basconia (600d.C.); intento que acabó frustrándose entre otras razones porque había nacido con la tara de considerar su independencia efectiva como derivada formalmente de un poder superior. Éste y otros esfuerzos –que seguramente habían comenzado ya, aunque de forma imprecisa y embrionaria, tras la caída del Imperio Romano– por dotarse de una organización política que les permitiese perdurar, acaban finalmente cristalizando, como muy tarde, en las postrimerías del siglo IX tras la derrota que los vascos infringieron en Orreaga al ejército franco.

El que los Arista no aceptasen el paraguas político, siquiera nominal del Imperio Carolingio, en contra de la opinión de elites pamplonesas y, con probabilidad, de la Iglesia, es un dato que, consideraciones tácticas al margen, conviene resaltar. Lacarra supone que “en esa época Pamplona no irradia su autoridad a una comarca, sino al revés, la ciudad queda sometida a la autoridad indígena que domina en el medio rural (otra vez la chocante contraposición ilustrada entre bárbaros y civilizados). Los autores francos nos dicen que en el siglo VII Pamplona era la fortaleza de los navarros, nombre este que ahora suena por primera vez aplicado a los ‘bárbaros’ vascos de la vertiente sur”.

Orreaga es una batalla cargada de un profundo significado democrático sobre el que ahora mismo debiéramos también reflexionar. Tanto la memoria histórica, como la experiencia y la cultura políticas son formas de poder que es suicida menospreciar.

En el año 887 el Reino de Nabarra es reconocido en Friburgo por los diferentes reinos que allí se dieron cita. Así mismo el historiador castellano Luciano Serrano se ve precisado a reconocer: “A principios de la décima centuria Vasconia se erige en reino, y no sólo con SU ANTIGUO, sino con todo el país de habla vasca” (…) (“Orígenes del Señorío de Vizcaya en época anterior al siglo XIII” 1941).

La constitución material y formal del reino pirenaico, el pacto entre príncipe y pueblo sobre el que se constituye y mantiene, su carácter confederal, la idiosincrasia y las costumbres de sus habitantes, su concreta práctica política, los diversos códigos legales por los que se ha regido, revelan el carácter democrático del mismo, por mucho que ello moleste a nuestros enemigos y traten, con tanta mayor insistencia cuanto más arbitrariamente, de negarlo. No tenemos la menor intención de discutir con ellos en las actuales condiciones. Componen una lista casi tan larga como la de los necios de los que habla la Biblia y tenemos menesteres más urgentes que el de enfrentarnos a ellos en su terreno y con las reglas que ellos imponen.

Además de consumados truhanes intelectuales, son funcionarios bien retribuidos, como lo fueron en su día López de Palacios Rubios, Llorente y Balparda entre otros, con encargo de confundirnos y debilitarnos. Tiempos vendrán en los que los estudiantes de nuestras universidades estarán en condiciones de investigar objetiva, minuciosa y críticamente nuestro pasado. Por ahora, en ausencia de centros e investigadores ‘oficiales’, nos basta el fuerte sentimiento de amor por la libertad que nos han transmitido nuestros más cercanos antepasados y nuestros propios contemporáneos, para estar seguros de que nosotros “no queremos las cadenas”; no nos gustan.

MULTIORGASMO NACIONALISTA

MULTIORGASMO NACIONALISTA
Alots Gezuraga



Estos días llama poderosamente la atención los “logros” del nacionalismo vasco tradicional para la CAV sin que casi nadie en España hable de “privilegios” y demás fenómenos paranormales. Se trata de una serie de inversiones con un monto importante prometidas por su Gobierno matriz de Madrid que incluye la renovación del Cupo, y, el último regalo: la explotación del gas riojano.

En el caso del Cupo, es un mérito indiscutible del nacionalismo vasco tradicional  disfrazar de logro “nacional” pagar unos servicios coloniales a los españoles que nada bueno traen a los vascos, como son el mantenimiento de la Casa Real Española con su ejército o las diversas obras faraónicas de aeropuertos fantasmas o autopistas libres de peaje por toda la piel de toro. Si a esto sumamos que pagamos el 6,24% de su coste cuando somos el 4,5% de la población (CAV) y el 6% del PIB español, la engañifa recuerda mucho al famoso Lazarillo de Tormes y a la novela picaresca, tan española por otra parte.

Las inversiones prometidas por el Gobierno matriz a su sucursal de la CAV, como pagar las obras de la entrada del TAV a Bilbao, parecen un gran logro económico, sin embargo cuando se observa que todavía un tercio de los impuestos de la CAV lo recauda Madrid (una parte del IVA, aduanas etc.), hablamos más del timo del “tocomocho”, pues es en realidad una parte de tu dinero que te lo devuelven y encima lo presentan como si nos estuvieran haciendo un favor (es como cuando Hacienda te da “a devolver” lo que ya te ha quitado). Así todos contentos, pues es cierto que normalmente se hubieran gastado el dinero de los vascos en otra CC.AA. española (sólo hay que ver las inversiones por habitante del Gobierno matriz español por autonomías).

Lo que sí es sorprenderte, cuando no inaceptable, es que el gobierno de la CAV tome parte de la explotación gasista en La Rioja, apoyando directamente la explotación colonial por parte de los gobernantes españoles de los recursos naturales de este territorio de Nabarra, el cual el Gobierno de Vitoria y el nacionalismo vasco por extensión, no considera como propio.

Este multiorgasmo del nacionalismo vasco tradicional con orgía incluida con el más rancio nacionalismo español, por supuesto que tiene sus contrapartidas, y no sólo el reparto del beneficio de España S.L. (Sociedad Limitada). La contrapartida evidente es el apoyo a los presupuestos del Estado español y con ello a todos los robos y atracos a los ciudadanos españoles perpetrados por el Gobierno matriz. Esto es obvio, pero manifiestamente insuficiente para semejante banquete nupcial.

Lo que subyace tras esta bacanal, es el apoyo del partido nacionalista vasco tradicional al acoso y derribo del Gobierno de Catalunya por su matriz de Madrid, al querer ser el un verdadero Gobierno del país catalán –aparentemente al menos-. La importancia  de la situación viene dada principalmente por la pérdida económica que supone esta colonia para España (el 27% del PIB o de su riqueza), y además sería la primera colonia peninsular en independizarse de la metrópoli, con el antecedente que ello supone y que ninguno desea.


Éste es el verdadero y único temor del Gobierno español por el que está dispuesto a pagar al nacionalismo tradicional vasco todas sus nuevas poltronas, pues de eso hablamos, de la empresa CAV S.L.U.

LA RESISTENCIA ANTIIMPERIALISTA DE NUESTRO PUEBLO

LA RESISTENCIA ANTIIMPERIALISTA DE NUESTRO PUEBLO
Alots Gezuraga


Se llama imperialismo al dominio militar de un Estado sobre otro cuyos recursos materiales y humanos explota en su interés. La riqueza de estos países imperialistas es directamente proporcional a la explotación de los pueblos o Estados que invaden. Como muestra de ello podemos acudir al Museo de Louvre o el Museo Británico, auténticas exposiciones de todos estos saqueos; sin olvidarnos del monasterio de San Lorenzo del Escorial, el Palacio de Versalles y tantos otros grandes monumentos al robo a gran escala y a la codicia desmedida.

Nuestra existencia actual y nuestra idiosincrasia (idioma, cultura, Fueros, forma de ser etc.), sólo se explica porque creamos un Estado tras las dos Batallas de Orreaga donde detuvimos el avance de imperialismo franco, la primera vez el 15 de agosto del año 778 y la segunda en el año 824 donde además elegimos a nuestro primer jefe de Estado, Eneko Aritza. Fue el reino o Estado de Nabarra hasta su total invasión quien nos defendió de las constantes agresiones de los Estados expansionistas.

Recordemos tres de los episodios principales del imperialismo español y francés contra Nabarra. En la Nabarra Occidental desde Burgos, el rey invasor Alfonso VIII de Castilla, sustituyó la originaria soberanía Nabarra por la castellana en San Sebastián el 16 de agosto del año 1202 y en Hondarribia en 1203, cambiando su Carta Puebla de villa Nabarra por la castellana, siempre bajo la amenaza armada del ejército invasor: “si alguien actuare contra este mandato incurre en la regia indignación y pague 1.000 aureos”.

Sobre la brutalidad de la conquista española contra la parte central de Nabarra en el año 1512 con violaciones, muertes, persecuciones sistemáticas, destrucción de sus murallas etc., el historiador nabarro Manex Goyhenetche decía que “Nabarra fue el primer laboratorio de observación y aplicación del maquiavelismo”.

En 1620 el rey francés Louis XIII de Francia irrumpió a sangre y fuego en los Estados soberanos del Beárn y en el Estado de Nabarra reducido a la actual Baja Nabarra. Comentaba con una fábula el historiador coetáneo a los hechos André Favyn en su libro “Histoire de Navarre”: “Los lobos aconsejaron a las ovejas que para vivir juntos en amistad habitual, éstas les tenían que entregar sus perros, y una vez estos estrangulados, dieron buena cuenta de las ovejas”.

La conquista de Nabarra no fue más que violencia imperialista que contraviene cualquier derecho internacional, como demuestra la necesidad de falsificar bulas papales que la justificasen frente al resto de reinos cristianos, así como los testamentos de Alfonso VIII y de su hijo Fernando III de Castilla donde prometía devolver la Nabarra Occidental a sus legítimos reyes; del mismo modo que los testamentos de los primeros reyes de España pedían a sus descendientes revisasen la “legitimidad” de su conquista, pues sabían que no fue más que un acto de brutalidad imperialista y de codicia, testamentos del muy católico Fernando II el Falsario, el de su nieto el emperador Carlos I y el de su biznieto Felipe II. En la Nabarra continental, el testamento de Enrique III separando Nabarra de Francia fue ignorado por su hijo Louis XIII de Francia el cual impuso su voluntad anexionista al pueblo nabarro mediante la fuerza de su ejército contra el derecho legítimo emanado de las Cortes o Estados Generales de Nabarra que le negaron tal autoridad pero que nada pudieron hacer ante la superioridad bélica francesa.

El imperialismo como crimen contra la humanidad, no caduca. Recordemos que se considera crimen de lesa humanidad o contra la humanidad "el asesinato, exterminio, esclavitud, deportación y cualquier otro acto inhumano contra la población civil, o persecución por motivos religiosos, raciales o políticos, cuando dichos actos o persecuciones se hacen en conexión con cualquier crimen contra la paz o en cualquier crimen de guerra". Todos estos crímenes contra la humanidad han sido practicados por los imperialistas contra los nabarros por el hecho de serlo a lo largo de todo su territorio; no son crímenes que se dieran tan sólo durante la conquista, sino que son sostenidos en el tiempo aprovechando cualquier guerra interna o externa, dictadura o circunstancia que los haga más aceptables para el resto de Estados y sus conciudadanos con innumerables ejemplos que llegan hasta el presente.

El pueblo invadido primero y colonizado después, mientras tiene capacidad, se defiende. Mientras el pueblo resiste, existe la posibilidad de ser libres y romper la violencia a la que estamos sometidos todos los días. El ejemplo de esta resistencia o legítima defensa son todas las matxinadas o revueltas populares frente a los contrafueros o las diferentes guerras forales en las que nuestro pueblo armado intentó defender lo que es suyo: sus instituciones, sus leyes consuetudinarias o Fueros, en fin, nuestra idiosincrasia, cultura e idioma propios. Durante el siglo XX hemos tenido también varios ejemplos de esta resistencia, sólo la falta de una estrategia clara pudo privarnos de la tan ansiada libertad. Hoy no somos otra cosa que la resistencia nabarra frente al imperialismo uniformizador y totalitario (Nafar Erresistentzia).

El Estado totalitario desde su creación cambia y se transforma para adaptarse. Así recientemente pasó del franquismo o el gaullismo en Francia a la socialdemocracia o a modelos liberales, y hará todos los cambios que necesite para subsistir, sin renunciar jamás a lo esencial: la explotación y el control absoluto de sus ciudadanos y de las riquezas naturales del territorio, contando siempre para ello con su último recurso: el uso de las Fuerzas de Seguridad del Estado incluido su ejército y sobre el que descansa su soberanía.

Somos una nación porque nos negamos a integrarnos en estos Estados Imperiales y Gran Nacionales con la suficiente resistencia como para no perder nuestras características específicas como pueblo frente a la violencia primigenia de los imperialistas, características -sin ser mejores ni peores- que nos distinguen como un pueblo diferente a los pueblos ocupantes, el español y el francés, del mismo modo que estas naciones no quieren ser alemanes, ingleses o marroquíes por ejemplo.

 “A partir de la fecha en que los Estados que denominamos modernos inician su desarrollo –en plena Edad Media– los distintos territorios que integran Euskal Herria no han gozado ya de otra independencia que la que les ha conferido y garantizado el hecho de haber formado parte del Estado Nabarro, cima de nuestro proceso de institucionalización del poder político. Por ello el Estado español y francés han tratado –a lo largo de muchos siglos y con toda clase de medios– de acabar con el Estado nabarro sin conseguirlo del todo. La historia nos enseña que nuestra lucha continua por la libertad ha sido la lucha por la recuperación de la estatalidad que el nacionalismo español y el francés han pretendido aniquilar” (Joseba Ariznabarreta).

Es por ello que toda resistencia organizada constituye, de una forma u otra, la pervivencia de nuestro Estado. Todo lo demás, ya sean partidos, uniones de partidos o plataformas de todo tipo para participar en las elecciones imperialistas que españoles o franceses montan para nosotros o en referéndums custodiados por éstos, por sí mismos, sólo pueden conducir a la derrota total de nuestro pueblo hasta su desaparición mediante su asimilación paulatina (el imperialismo no tiene prisa), ya que la violencia imperialista que se ejerce contra nosotros queda legitimada a los ojos del mundo por la aceptación tácita o explícita de sus fraudulentas y totalitarias elecciones totalmente antidemocráticas en nuestras tierras, pues sólo un gobierno nabarro está legitimado legalmente a convocarlas.

España y Francia para ser democráticas, tendrían que reconocer la conquista armada de Nabarra y dejar a los nabarros que decidamos si queremos ser españoles o franceses, pero el esfuerzo para llegar a ese punto en un estado totalitario es el mismo que necesitaríamos para independizarnos. Sólo habrá democracia cuando recuperemos la estatalidad, cuando podamos decidir nuestro futuro sin la imposición armada de los imperialistas y convocar nosotros a través de nuestro gobierno provisional las elecciones. Es el derecho de autodeterminación, el primero de los derechos de un pueblo, equivalente al derecho a la vida y a la libertad de un ser humano frente a los diferentes modelos de esclavitud que nos impone el imperialismo.

La independencia, ser de nuevo un Estado libre y la democracia son lo mismo para un nabarro. Sin embargo, nuestra capacidad actual para resistir contra la enorme violencia que estos profesionales del imperialismo ejercen contra nosotros es muy pequeña al estar divididos, sin una clase dirigente y una estrategia que aúne todas nuestras fuerzas.

Pedro Mariscal de Nabarra fue encarcelado en Simancas durante la conquista de la Nabarra central en el siglo XVI, los españoles intentaron bajo tortura que reconociera la legitimidad de su conquista, su figura era de un gran peso político en toda Nabarra; resistió a sus torturadores y no firmó el documento que le presentaban, siendo finalmente asesinado tras 14 años en prisiones alejadas de su patria por miedo a que su presencia incitara a levantarse de nuevo a los nabarros. Cuando le preguntaban por qué no aceptaba todas las riquezas y títulos que le daban por su traición (que hoy se llamarían Cupo, Concierto Económico, Diputaciones o Gobiernos Autonómicos), contestaba: “Nafarra naizelakotz, espainola ez naizelakotz” (porque soy nabarro, porque no soy español).